Los hombres son imposibles de entender.
Me rindo...
viernes, 17 de septiembre de 2010
jueves, 16 de septiembre de 2010
WTF? Vol.4
Te digo Bolivia, te digo Costa Rica, te digo Guatemala, te digo Puerto Rico, te digo República Dominicana! (rima y todo!) es... amaaaaazing *-*
Me sigo sorprendiendo, porque justo ahora me fijé en el mapita y ahí estaba! París, Francia! ohmargot! se suma a mis sospechas de hoy... ES UNA SEÑAL!
ahí en las fotitos se ve, parpadeando y todo...
biutiful (?)
ta ta, basta de delirar (?
pd: insisto, de dónde entran?? por quée?? xD algún día lo entenderé jajajaja
Me sigo sorprendiendo, porque justo ahora me fijé en el mapita y ahí estaba! París, Francia! ohmargot! se suma a mis sospechas de hoy... ES UNA SEÑAL!
ahí en las fotitos se ve, parpadeando y todo...
biutiful (?)
ta ta, basta de delirar (?
pd: insisto, de dónde entran?? por quée?? xD algún día lo entenderé jajajaja
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Incoherentes
(una para reírse, la encontré revisando notas viejas de Facebook xD)
URUGUAYOS DIFERENTES DE AMÉRICA Y EL MUNDO
Somos raros, o por lo menos somos distintos a unos cuantos.
Me refiero a los uruguayos.
Está claro que tenemos costumbres que nos distinguen: perfil bajo, pocos gritos, no muy fanáticos de las ocho horas, más bien humildes, de llegar tarde a todos lados, de poca memoria y muchos perdones, todos directores técnicos y votantes de cualquiera, menos del que esté de turno defraudándonos.
Esperamos la llegada del domingo y no sabemos bien qué hacer con él cuando aparece. Inventamos el “domilunes”, esa “tardecita-noche” parecida a un velatorio nacional.
Hace muchos años queríamos que nuestros hijos fueran doctores o maestras. Más adelante nos gustó que fueran bancarios. Después quisimos tener un kiosco, o cualquier comercio que estuviera de moda. Así llenamos de clubes de video y canchas de pádel las ciudades de nuestro país. Al tiempo transformamos las canchas de pádel en gimnasios y en viveros, y a los clubes de video los volvimos cibercafés.
Somos distintos. Para nosotros el año empieza cuando llega el último ciclista. No sé si no sería bueno armar el pinito de Navidad en Semana Santa, y mandarnos tarjetas deseándonos “próspero año nuevo” a partir de abril.
Somos distintos. Matemáticamente siempre tenemos la chance intacta para entrar a ese lugar donde ya está el resto del mundo.
Nos prometemos los cambios para después del fin de semana: la dieta, dejar el cigarro, correr, no perder más el tiempo en cosas que no lo merecen. En fin, somos uruguayos. Por lo tanto incoherentes. Y no sólo porque tenemos un Penal de Libertad, un Arroyo Seco, un Cerro Chato, y un Estadio Charrúa en medio del Parque Rivera.
Somos incoherentes por mucho más que eso. Veamos:
¡En Cerro Colorado ganaron los Blancos y en la Blanqueada el Frente!
Las llamadas retumban en Durazno, Melo y en San Carlos. ¡Pero no hay llamadas en Tambores!
El paseo para niños más importante de este país se llama Villa Dolores, y la edificación más grande del Uruguay la hizo un tipo de apellido Scasso.
¿Cómo entender que una plaza que se llama Cagancha no tenga baño?
¿Cómo entender que la Organización del Fútbol del Interior (OFI) sesione en Montevideo?
Sinceramente, resulta difícil explicar que en Punta del Este los pobres vivan en un barrio de nombre J.F. Kennedy y los ricos en el Cantegril.
¿Alguien me puede explicar cómo es posible que los montevideanos cada vez que vienen al interior digan que van para afuera?
¿Cómo es posible que el único boxeador que llegó a pelear con Alí sea Evangelista? ¿Cómo es posible que Picasso nade, y de las Carreras escriba?
Cómo entender que Aguas Dulces tenga solo agua salada, que Progreso descienda, que por Tarariras no pase ningún río, que después de La Paz vengan Las Piedras, que los duraznos sean de Canelones, y que en la Isla de Flores no haya ni siquiera un cartucho. Que los Treinta y tres orientales hayan sido como cuarenta, o que un húngaro nos hizo el himno.
Sí, es entendible. Después de todo vivimos en un país que ni nombre tiene. Sólo sabemos que nuestra república está al oriente de un río llamado Uruguay. Definitivamente somos una manga de incoherentes. Por donde nos busquen.
Por ejemplo, veamos un poquito la política uruguaya:
No es necesario ser un atento observador para darse cuenta de que Rubio no sólo que no es rubio sino que, como si fuera poco, es calvo.
¡Blanco es colorado! Iglesias no va a misa. Pita no fuma. Platero era un sindicalista inteligente, Ache no tiene hache, Obispo no tomó la comunión, y a la ley para despenalizar el aborto Tabaré la hizo abortar.
En cualquier tema sucede lo mismo. La banda que gusta más se llama “No te va a gustar”. El escudo de Florida dice “Libertad y Progreso”. Pero Libertad está en San José y Progreso en Canelones. El Fata Delgado está cada vez más gordo. El músico que anda más clarito es el Negro Rada. Carrero anda en auto. Pepe Guerra es un tipo tranquilo.
Peinado no tiene un pelo. Bueno es malo, Casal es uno solo, Carrasco es del campo, y Del Campo es de la ciudad. Hornos es un jugador frío, Rocha es de Salto, Bizera juega sin nada en la cabeza, Peña es de Nacional, y a Gesto no se le mueve un solo músculo de la cara.
¿Tienen idea de cómo se llama la Escuela Nacional de Vitivinicultura?
Bien, supongamos que no tuviera nombre y nosotros le tuviéramos que poner uno. Pensemos…
¿Escuela de Vitivinicultura? ¿Escuela de Vitivinicultura, Calidad y Estilo? No, no se llama así. ¿Estirpe y excelencia? Nooo, tampoco.
La escuela de Vitivinicultura de este país dependiente del Consejo de Educación Técnico Profesional.
La escuela de Vitivinicultura del Uruguay, pilar del conocimiento del proceso de producción de vino, soporte del desarrollo de los vinos de nuestro país, se llama: Tomás Berreta.
Marciano Durá (autor del Código Blanes)
martes, 14 de septiembre de 2010
121 invernal
El 121 puede ser mágico.
Aunque se diga que pasa cada cinco minutos y a mí siempre me garque, pasan cosas maravillosas sobre él. No, no lo digo sólo porque varias amigas se tomen ese para ir al liceoy que la mayoría de los flacos que se lo toman estén que se parten en cuatro millones de pedazos(?). Lo digo porque a veces, pasan cosas como éstas:
Venía en el ya mencionado bondi, pensando en la vida de la langosta(?), escuchando a la señora de adelante toser. Cuando me subí, noté que era una viejita, pero no le presté atención porque... realmente, ¿alguien le presta mucha atención en el ómnibus a su entorno? No más de la necesaria...
En fin, la oía toser casi tanto como respiraba, parecía que la iba a quedar ahí mismo... y entonces se subió un vendedor ambulante. Cuando pasó por su lado, la señora le pidió con voz toda rasposa y gastada si no le podía dar unas medias, que las suyas se le habían mojado con la lluvia. El hombre, por supuesto, se las regaló (todavía queda algo de humanidad en la gente, el mundo no está perdido!). Y al bajarme, me quedé pensando en la fragilidad de la señora, pero a su vez esa fuerza de voluntad para salir a la calle y subirse al 121 siempre repleto, un día de lluvia, viento y frío como este.
Eso me hizo pensar en El increíble castillo vagabundo y su protagonista, una viejita de apariencia tan frágil pero a la vez tan fuerte. Me quedé dándole vueltas a la idea, y eso trajo más y más ideas, hasta que di con una que me gustó.
Todo gracias a la señora del ómnibus.
A la vuelta, en el 121 pero para el otro lado, encontré un asiento de pura suerte. Prácticamente me tiré para sentarme, porque dejarle el lugar a un mayor, todo bien, pero a un pendejo de mi edad que puede ir perfectamente parado ni hablar. Sí, soy la solidaridad en persona, lo sé.
La cosa es que poco después, se subió un músico con una guitarra. Lo primero que pensé fue Ay no, otro rompe pelotas cantando Arjona. Pero me equivoqué.
El flaco, de entre veinte y treinta años, creo, empezó a cantar Velha infancia, de Tribalistas, una de mis canciones preferidas. Creo que se dio cuenta, porque en cuanto dijo el nombre me di vuelta y me lo quedé mirando sorprendida. Y sí, no siempre se tiene tanta suerte.
Soy sincera cuando digo que el tipo cantaba bien, me hizo acordar a Arnaldo Antunes y todo, en serio! Me pasé la mitad de la canción tarareando, la otra mitad deseando que terminara antes de que llegara mi parada, así le podía dejar una moneda (una moneda de diez que tuve que rescatar del fondo de mi mochila). Pero se puso a cantar otra, de Titãs (se ve que de verdad le gusta Arnaldo Antunes). Mi parada se iba aproximando, lo miré con angustia (no exagero xD) y justo justo cuando me levanté para bajarme, empezó a terminar. Así que antes de atropellar a diez personas para poder salir, pude darle la moneda, me hizo una guiñada (en una re bien, no desubicado, supongo que habrá comprendido parte de lo que pensé durante el viaje) y me bajé, pensando en la cantidad de gente con talento que termina en un bondi.
Me da rabia.
Lo gracioso es que de no ser porque hoy entré y salí más tarde del liceo, jamás me hubiera subido a esos ómnibus. Cosas de la vida.

Otra cosa.
Invierno, ¿por qué insistís con el frío? Ya te estás por ir, ¿qué te cuesta darnos unos días más de calorcito, como la otra semana? ¿Te dio nostalgia de aquellas tardes heladas de agosto y decidiste mandarnos viento y lluvia para despedirte?
No es así la cosa, tenés que aceptar que ya le toca a la primavera. Ya me mojé bastante los otros meses, me caías bien hasta aquella ocasión en la que me empapé más veces de las que pude contar, y encima me rompiste dos paraguas.
No sé si voy a poder perdonarte, pero lo menos que podés hacer es darnos un poquito de sol antes de irte, aunque igual vayan a decir "qué suerte que se fue el invierno!" Sos polémico querido, qué le vas a hacer...
Aunque se diga que pasa cada cinco minutos y a mí siempre me garque, pasan cosas maravillosas sobre él. No, no lo digo sólo porque varias amigas se tomen ese para ir al liceo
Venía en el ya mencionado bondi, pensando en la vida de la langosta(?), escuchando a la señora de adelante toser. Cuando me subí, noté que era una viejita, pero no le presté atención porque... realmente, ¿alguien le presta mucha atención en el ómnibus a su entorno? No más de la necesaria...
En fin, la oía toser casi tanto como respiraba, parecía que la iba a quedar ahí mismo... y entonces se subió un vendedor ambulante. Cuando pasó por su lado, la señora le pidió con voz toda rasposa y gastada si no le podía dar unas medias, que las suyas se le habían mojado con la lluvia. El hombre, por supuesto, se las regaló (todavía queda algo de humanidad en la gente, el mundo no está perdido!). Y al bajarme, me quedé pensando en la fragilidad de la señora, pero a su vez esa fuerza de voluntad para salir a la calle y subirse al 121 siempre repleto, un día de lluvia, viento y frío como este.
Eso me hizo pensar en El increíble castillo vagabundo y su protagonista, una viejita de apariencia tan frágil pero a la vez tan fuerte. Me quedé dándole vueltas a la idea, y eso trajo más y más ideas, hasta que di con una que me gustó.
Todo gracias a la señora del ómnibus.
A la vuelta, en el 121 pero para el otro lado, encontré un asiento de pura suerte. Prácticamente me tiré para sentarme, porque dejarle el lugar a un mayor, todo bien, pero a un pendejo de mi edad que puede ir perfectamente parado ni hablar. Sí, soy la solidaridad en persona, lo sé.
La cosa es que poco después, se subió un músico con una guitarra. Lo primero que pensé fue Ay no, otro rompe pelotas cantando Arjona. Pero me equivoqué.
El flaco, de entre veinte y treinta años, creo, empezó a cantar Velha infancia, de Tribalistas, una de mis canciones preferidas. Creo que se dio cuenta, porque en cuanto dijo el nombre me di vuelta y me lo quedé mirando sorprendida. Y sí, no siempre se tiene tanta suerte.
Soy sincera cuando digo que el tipo cantaba bien, me hizo acordar a Arnaldo Antunes y todo, en serio! Me pasé la mitad de la canción tarareando, la otra mitad deseando que terminara antes de que llegara mi parada, así le podía dejar una moneda (una moneda de diez que tuve que rescatar del fondo de mi mochila). Pero se puso a cantar otra, de Titãs (se ve que de verdad le gusta Arnaldo Antunes). Mi parada se iba aproximando, lo miré con angustia (no exagero xD) y justo justo cuando me levanté para bajarme, empezó a terminar. Así que antes de atropellar a diez personas para poder salir, pude darle la moneda, me hizo una guiñada (en una re bien, no desubicado, supongo que habrá comprendido parte de lo que pensé durante el viaje) y me bajé, pensando en la cantidad de gente con talento que termina en un bondi.
Me da rabia.
Lo gracioso es que de no ser porque hoy entré y salí más tarde del liceo, jamás me hubiera subido a esos ómnibus. Cosas de la vida.
Otra cosa.
Invierno, ¿por qué insistís con el frío? Ya te estás por ir, ¿qué te cuesta darnos unos días más de calorcito, como la otra semana? ¿Te dio nostalgia de aquellas tardes heladas de agosto y decidiste mandarnos viento y lluvia para despedirte?
No es así la cosa, tenés que aceptar que ya le toca a la primavera. Ya me mojé bastante los otros meses, me caías bien hasta aquella ocasión en la que me empapé más veces de las que pude contar, y encima me rompiste dos paraguas.
No sé si voy a poder perdonarte, pero lo menos que podés hacer es darnos un poquito de sol antes de irte, aunque igual vayan a decir "qué suerte que se fue el invierno!" Sos polémico querido, qué le vas a hacer...
lunes, 13 de septiembre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
sábado, 11 de septiembre de 2010
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